miércoles 15 de febrero de 2012

El Fútbol a sol y sombra, Eduardo Hughes


¿Ha entrado usted, alguna vez, a un estadio vacío? Haga la prueba. Párese en medio del circulo central y escuche. No hay nada menos vacío que un estadio vacío. No hay nada menos mudo que las gradas sin nadie. En Wembley suena todavía el griterío del Mundial del 66, que ganó Inglaterra, pero aguzando el oído puede usted escuchar gemidos que vienen del 53, cuando los húngaros golearon a la selección inglesa. El Estadio Centenario, de Montevideo, suspira de nostalgia por las glorias del fútbol uruguayo. Maracaná sigue llorando la derrota brasileña en el Mundial del 50. En la Bombonera de Buenos Aires, trepidan tambores de hace medio siglo. Desde las profundidades del estadio Azteca, resuenan los ecos de los cánticos ceremoniales del antiguo juego mexicano de pelota. Habla en catalán el cemento del Camp Nou, en Barcelona, y en euskera conversan las gradas de San Mamés, en Bilbao. En Milán, el fantasma de Giuseppe Meazza mete goles que hacen vibrar al estadio que lleva su nombre. La final del Mundial del 74, que ganó Alemania, se juega día tras día y noche tras noche en el Estadio Olímpico de Munich. El estadio del rey Fahd, en Arabia Saudita, tiene palco de mármol y oro y tribunas alfombradas, pero no tiene memoria ni gran cosa que decir.

Una vez por semana, el hincha huye de su casa y asiste al estadio. Flamean las banderas, suenan las matracas, los cohetes, los tambores, llueven las serpientes y el papel picado; la ciudad desaparece, la rutina se olvida, sólo existe el templo. En este espacio sagrado, la única religión que no tiene ateos exhibe a sus divinidades. Aunque el hincha puede contemplar el milagro, más cómodamente, en la pantalla de la tele, prefiere emprender la peregrinación hacia este lugar donde puede ver en carne y hueso a sus ángeles, batiéndose a duelo contra los demonios de turno. Aquí, el hincha agita el pañuelo, traga saliva, glup, traga veneno, se come la gorra, susurra plegarias y maldiciones y de pronto se rompe la garganta en una ovación y salta como pulga abrazando al desconocido que grita el gol a su lado. Mientras dura la misa pagana, el hincha es muchos. Con miles de devotos comparte la certeza de que somos los mejores, todos los árbitros están vendidos, todos los rivales son tramposos.

Bien sabe este jugador número doce que es él quien sopla los vientos de fervor que empujan la pelota cuando ella se duerme, como bien saben los otros once jugadores que jugar sin hinchada es como bailar sin música.Cuando el partido concluye, el hincha, que no se ha movido de la tribuna, celebra su victoria; qué goleada les hicimos, qué paliza les dimos, o llora su derrota; otra vez nos estafaron, juez ladrón. Y entonces el sol se va y el hincha se va. Caen las sombras sobre el estadio que se vacía. En las gradas de cemento arden, aquí y allá, algunas hogueras de fuego fugaz, mientras se van apagando las luces y las voces. El estadio se queda solo y también el hincha regresa a su soledad, yo que ha sido nosotros: el hincha se aleja, se dispersa, se pierde, y el domingo es melancólico como un miércoles de cenizas después de la muerte del carnaval.

Fragmento del libro ''Fútbol a sol y sombra'' de Eduardo Hughes Galeano 

domingo 12 de junio de 2011

Luz y sombra en las puertas del ascenso


Los penaltis, la parte más injusta del fútbol, son horribles y durísimos, y además eligen culpables inexistentes. Ayer el Celta de Vigo cayó frente al Granada en los play offs de ascenso a primera división y lo hizo en la tanda de penaltis tras haber ido por delante en los 4 primeros lanzamientos. La pena máxima la falló Michu y puede que hoy todos le maten y le tengan en el punto de mira, es decir que la prensa y la opinión pública carga sobre las espaldas de un jugador toda la responsabilidad, no solo de ganar un partido sino del ascenso de un club entero, y eso lo abarca todo, afición, futbolistas, nivel adquisitivo..etc. Por lo que parece ya nadie se acuerda que solo 120 minutos de juego antes del partido el héroe era el mismo al que hoy llaman villano; Michu había metido el único gol del marcador en una eliminatoria de playoff importantísima para su equipo y ademas lo había hecho nada más saltar al campo dejando al Celta con opciones de hacer un buen papel en Granada.

A pesar del mal trago y la mezcla de emociones que se viven en estas situaciones seas neutral o aficionado de cualquiera de los dos equipos, el partido no pudo tener más emoción, Dani Benitez falló dos penaltis durante los primeros 90 minutos y tuvo el valor de tirar otro más en la prorroga, hubo 1 disparo cada 3 minutos es decir más de 40 en todo el partido, ocasiones continuas, varios postes, goles legales anulados al Celta, un autentico espectáculo. Aun así todo lo que ocurrió en los primeros 120 minutos, es insignificante con lo sucedido en la tanda de penaltis, Roberto fue el héroe de la noche sin duda ninguna y no solo paró el lanzamiento de la victoria, sino que también marco el 5º para su equipo.

Al final solo pudo ganar uno aunque los dos lo merecieran, el Celta tuvo números récord de visitante y el Granada más de lo mismo de local, en definitiva, los penaltis destrozaron las ilusiones de miles de aficionados y el trabajo de un año de un grupo de futbolistas que hicieron lo que tenían que hacer, jugar al fútbol, y le dieron la victoria al equipo andaluz, que también lo hizo y a una afición magnifica como también es la del Granada; aun así este sistema sigue siendo una de las situaciones a corregir en el mundo del fútbol y que nunca se corregirán. Creo que después de tanto esfuerzo, es injusto que sea la suerte la que termine decidiendo el final.

El siguiente partido de Playoffs de ascenso será hoy a las 21:00 en Canal+ (Elche - Valladolid)